¿Qué Creemos?

  • Dios: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que Dios es el Creador y Sustentador de todo lo que existe, el Rey Soberano sobre todo el universo. El Creador es uno solo y nada se compara a su Ser en atributos, gloria y majestad; no es una fuerza ni una energía, pues es personal y subsiste eternamente en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En su Soberanía, Él ha creado todas las cosas con un claro fin último: Su propia Gloria, hacia donde dirige también todos los acontecimientos de la historia, sobre los cuales tiene dominio absoluto.

 

  • La revelación: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que El único Dios verdadero se ha revelado en la creación, mostrando Sus atributos invisibles, Su eterno poder y Su deidad a través de las cosas creadas y que también ha dado una revelación especial, la cual es Santa, Infalible y Poderosa: la Sagrada Escritura, la cual fue inspirada por el Espíritu Santo a santos hombres de Dios del pasado, y preservada infalible hasta nuestros días por Su poder y soberanía. A través de Su Palabra, Dios transforma los corazones, da nueva vida al hombre muerto en sus delitos y pecados e instaura Su Reino aquí en la tierra.

 

  • El pecado y sus consecuencias destructivas: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que las buenas obras y esfuerzos humanos no pueden llevar al hombre pecador a una reconciliación con Dios, pues desde el hecho histórico de la caída de Adán y Eva – el primer hombre y la primera mujer creados a imagen y semejanza de Dios, los cuales son padres de toda la raza humana – la creación está bajo la maldición de la trasgresión de Adán y todo ser humano nace en rebeldía y condenación delante de Dios, estando en la totalidad de su ser afectado, manchado y esclavizado por el pecado.

 

  • La salvación en Cristo: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que Dios ha presentado una solución perfecta y santa para reconciliarse con el hombre y con la creación y que, para esto, Él realizó los siguientes hechos históricos concretos, ocurridos en el tiempo y en el espacio: envió a su Hijo, Dios encarnado, el Mesías prometido desde el Antiguo Testamento, llamado Jesús, quien fue concebido por el poder sobrenatural del Espíritu Santo y nació sin pecado de una mujer virgen común, llamada María; Jesucristo dio su vida perfecta y sin pecado en la cruz para satisfacer la justicia de Dios y resucitó con poder al tercer día, venciendo así sobre el pecado y la muerte para siempre e instaurando en sí mismo el inicio de una Nueva Creación; Él subió a los cielos y se sentó a la derecha de Dios Padre y desde allí envió al Espíritu Santo, por medio de quien actualmente extiende Su Reino en el mundo, reuniendo a los escogidos y reconciliando consigo a la creación a través del actuar de la Iglesia Universal.

 

  • El poder transformador del Evangelio: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que los hechos históricos recién descritos traen redención a la vida de todos los hombres y mujeres escogidos desde antes de la fundación del mundo, quienes, por la acción soberana del Espíritu Santo en ellos, se reconocen pecadores, son llamados por la Palabra de Dios y se acercan al Señor en arrepentimiento, pasando así a formar parte de la Iglesia Universal, la cual tiene la misión de proclamar el Evangelio no sólo a otros hombres y mujeres, sino también, a través de la nueva vida que les ha sido dada en Cristo, de redimir el orden creado en todas sus esferas: espiritual, social y cultural.

 

  • La Soberanía de Dios en la salvación: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que Dios es el Soberano absoluto sobre la historia y todos sus acontecimientos, quien, debido a que el ser humano pecador no está en condiciones por sí mismo de acercarse a Dios, ha predestinado soberanamente a los que han de ser salvos, dándoles en el tiempo oportuno, Su Santo Espíritu y regenerando su corazón para que así les sea dado el don de la fe y puedan ser convertidos, justificados y santificados en Jesucristo. Esta justificación sólo es posible por la Gracia de Dios (sin mediar ningún esfuerzo humano), en Jesucristo (no habiendo otro nombre bajo el cielo dado a los hombres por el cual alcanzar salvación) y a través de la fe sola (sin méritos personales ni mediación de buenas obras).

 

  • La misión de la Iglesia: La Iglesia Presbiteriana de Chile confiesa que los escogidos sólo son conocidos por el Señor y son manifestados a través de la predicación de la salvación en Cristo y, por lo tanto, reconoce que su deber ineludible y urgente es llevar este Evangelio a todos los hombres y mujeres de toda lengua, raza y nación. Por esta causa la Iglesia Presbiteriana de Chile proclama incansablemente la salvación que hay sólo en Cristo, libertando a los hombres del engaño, de la opresión del maligno y del pecado y restaurando, para la gloria del Señor, la imagen y semejanza de Dios en hombres y mujeres que sufren bajo las consecuencias personales, sociales y culturales del pecado.

 

  • La consumación de la historia en Cristo: La Iglesia Presbiteriana de Chile cree que el Señor Jesús regresará a la tierra corporalmente y que todo ojo le verá cuando vuelva en gloria y majestad para juzgar a los vivos y a los muertos, habiendo salvación en aquel día histórico sólo para quien se haya entregado a Jesucristo como Su único Señor y Salvador a través de la fe. En esta esperanza la Iglesia Presbiteriana de Chile ha realizado y realiza su trabajo de evangelización, difusión de la Palabra de Dios, educación y servicio a la comunidad, siempre motivada por el fin último de glorificar a Dios. Sabiéndose una expresión del glorioso Cuerpo de Cristo esparcido en la Tierra y un agente activo de la extensión del Reino en Chile y en el mundo hasta que el Rey Jesucristo regrese.

 

Confesión de Fe

Lo que acabas de leer aquí arriba es un resumen breve de lo que confesamos como Iglesia Presbiteriana, pero NO ES UNA DECLARACIÓN OFICIAL. Si quieres tener acceso al documento oficial donde, como iglesia, confesamos los puntos principales de nuestra fe puedes acceder a la Confesión de Fe de Westminster (publicada en 1649).

Constitución y Confesión de Fe.

Ver también:

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